domingo, 22 de marzo de 2026

Tema 3 - Ética: El hombre mediocre

José Ingenieros (1877-1925) fue un médico psiquiatra, psicólogo, escritor y filósofo italoargentino. Una de sus obras más famosas es "El hombre mediocre", publicada en 1913 en Madrid. Allí Ingenieros divide a las personas en idealistas y mediocres. Los primeros son los que persiguen un ideal y los segundos quienes carecen de ellos.

Los ideales son creencias, no verdades, que muestran hacia donde queremos que vaya la humanidad. Son perfectibles y producto de la experiencia social. Al ser perfectos son inalcanzables, son el límite al que queremos tender. Todo ideal, al ser una creencia, puede ser parcial o totálmente erronea, pero lo malo no es un ideal de esas características sino carecer de ideales y vivir en la mediocridad del puro presente. 

Tema 1 - Sentido común, ciencia y Filosofía - La identidad

Un problema que la Filosofía aborda es el tema de nuestra identidad ya que, como dijimos, nuestra disciplina trata de entendernos y entender la realidad que nos rodea. Hay diferentes subtemas dentro del problema de la identidad, veremos dos en esta entrada.

Empecemos por Paul Ricoeur, un filósofo francés que vivió entre 1913 y 2005. Este filósofo abordó el concepto de "identidad narrativa" (IN) sosteniendo que la identidad nos es fija ni dada sino que se contruye como un proceso, con lo cuál se vuelve móvil y dinámica. Somos narratividad, dice Ricoeur, esto es un entrecruzamiento entre relatos pasados y presentes. Somos una autocreación incesante fruto de ese relato construido. Conocerse es interpretarse a uno mismo a través de los relatos históricos y de ficción. La historia de una vida es una historia contada.

Ahora bien, ¿cómo somos los mismos si la experiencia cotidiana nos muestra que cambiamos constantemente? Nos vemos crecer físicamente, mentalmente, emocionalmente... Sin embargo estamos seguros que somos, en el fondo, los mismos. Es que la propia identidad se compone tanto del "idem" que es ser muy parecido a algo, el mantenerse inmutable y del "ipse", lo propio, aquello que nos diferencia de los demás. En realidad siempre estamos SIENDO, la identidad solo se cristaliza cuando ya fuimos, cuando dejamos de ser.

Estos temas que venimos mencionando me hicieron relacionar a este filósofo con Heidegger, de quien ya hablamos en pasadas entradas. El filósofo alemán habla del Dasein o "Ser-ahí" ese ser que se preguntas por el ser, o, mejor dicho, ese ser que es capaz de preguntarse por el ser. El Dasein es arrojado al mundo y no escoge ser arrojado, pero una vez allí es posibilidad constante, mientras sea puede ser infinidad de cosas, solo cesan esas posibilidades con la muerte. Allí recién la identidad deja de ser mutable y podemos decir que ha sido.

Cambiando nuestro enfoque, hablaremos de Alisdair MacIntyre (1929-2025), filósofo escocés que tiene un libro llamado "Animales racionales y dependientes". Aquí llama la atención el segundo adjetivo ¿verdad? puesto que parece que en Filosofía nos cansamos de hablar de nuestra racionalidad, lo cuál no es que esté mal. Poniendo el foco en nuestra dependencia, este filósofo nos recuerda que somos vulnerables a una gran cantidad de aflicciones diversas y que la mayoría de nosotros padece alguna enfermedad grave en uno u otro momento de nuestras vidas. En nuestra especie todo individuo depende de los demás para sobrevivir, esto se nos hace evidente en la infancia y la vejez, pero entre estos periodos solemos sufrir lesiones, enfermedades, discapacidades y en algunos casos además estas son cosas que vivimos de por vida. Sin embargo, los filósofos no suelen darle importancia a esta dependencia. Se suele ver a los discapacitados como "otros" no como "nosotros" y eso que es una situación en la cual seguramente nos encontraremos a futuro.  

domingo, 8 de marzo de 2026

Tema 3: Ética - Confucio

Confucio (kúng-fu-tzu o kung-fu-tse) fue un pensador de la antigua China que vivió entre los años 551 y 479 a.C. (es decir, murió nueve años antes que nazca Sócrates). En su época el Imperio Chino, bajo la dinastía Tseu, estaba en decadencia: cada provincia adoptaba costumbres y formas de gobierno diferentes. Esa decadencia era la que Confucio quería detener, buscaba acabar con el desorden mediante la restauración de la tradición. Así, este pensador recurre a los libros que contenían la antigua sabiduría china como los "kings" o los "chung".

El Ta-Hio o "Gran estudio" es un libro que Tchu-Hi, discípulo de Confucio, ordena, revisa y coirrige. Este contiene las enseñanzas de su maestro y sus discípulos. En dicho libro Confucio sostiene que el camino del gran estudio debe aprenderse y practicarse desde la adolescencia. El mismo contiene tres elementos:

  1. Hacer brillar en sí mismo las vitudes superiores que la Naturaleza puso en el alma de cada uno.
  2. Reformar a otras personas.
  3. Fijarse como objetivo la más alta perfección.
En cuanto al punto 1, la idea es que las virtudes recibidas por el Cielo (que son: benevolencia, justicia, conocimiento de lo razonable, prudencia y sinceridad) se oscurecen con las pasiones humanas, pero no se extinguen nunca. Por ello hay que hacerlas brillar. Las impurezas del corazón se pueden "lavar", como las del cuerpo. Es algo que debe hacerse cada día. Cualquier vicioso puede fingir frente a un virtuoso, pero una voluntad perfecta no se engaña a sí misma.

En cuanto al punto 2, debemos ayudar a que los demás logren hacer brillar esas mismas virtudes. Después de corregirnos a nosotros mismos podemos correfir a nuestra familia, haciendo reinar el orden en casa. Luego, si las familias están en orden, el principado está bien gobernado. Y a la postre si el principado está bien gobernado el Imperio estará en paz. Si cada quien se ocupa de ordenarse a sí mismo es posible que se ordene aquello de lo que él depende, si no lo hace, en cambio, lo que de él depende entra en caos. Jamás quien cuida poco lo que debe querer más (su familia) gobernó bien lo que le es menos querido (el principado o el imperio). Una familia virtuosa fomenta la virtud, pero solo un hombre vicioso ya fomenta el vicio.

Finalmente, el punto 3 apunta a que si conocemos el objetivo el espíritu entra en descanso y puede examinar las cosas para alcanzar la perfección. 

Tema 3: Ética - La genealogía de la moral

Friedrich Nietzsche (1844 - 1900) fue un famoso filósofo alemán, luego nacionalizado suizo. En uno de sus libros "Genealogía de la moral" aborda el problema del origen de las categorías de "bueno" y "malo". La motivación de este filósofo es realizar una crítica de los valores y la misma necesita saber dónde, cuándo y cómo surgieron y cómo fueron modificándose esos valores a lo largo de la historia.

Nietzsche parte de que lo bueno y lo malo se toma como algo dado e indudable, cuando no es para nada así. Por ejemplo, se asocia a las acciones no egoístas como buenas, pero ¿de dónde viene esa asociación? Pues, según algunos, las acciones no egoístas eran alabadas por aquellos que se veían beneficiados por esas acciones. Sin embargo, ese origen con el tiempo se perdió. Para Nietzsche esto es absurdo ya que si esto fuese el origen nuna se podria haber perdido esa justificación, es más, la misma estaría vigente por siempre.

Una acción buena es una acción noble y una acción mala es una acción vulgar. "Noble" viene de la nobleza, de la clase dominante en la época medieval. Vulgar, en cambio, viene de "vulgo" o sea "pueblo", la clase dominada de la misma época. Además, actuar con altura es hacer algo bueno y actuar con bajeza es hacer algo malo. Las asociaciones no son casuales, dice nuestro filósofo. Es que los nobles nombraron como buenas sus propias acciones, al tener el poder de hacerlo.

Tras esto, el judeocristianismo invirtió los valores y asoció las acciones de los oprimidos como aquellas que son buenas: la no violencia, el no ofender, el dejar el juicio a Dios, la humildad y la vida sencilla fueron puestos como símbolos de las acciones buenas.  


Tema 3: Ética - El utilitarismo

El utilitarismo es una corriente o escuela filosófica que presenta una ética consecuencialista. Esto significa que en su análisis de las acciones importan las consecuencias que generan las mismas. Así, las acciones se clasifican en dos categorías: right and wrong. Una acción cae en la primera categoría si genera felicidad, en cambio, cae en la segunda categoría si genera infelicidad. Ahora bien, si estás siguiendo bien nuestro curso enseguida te preguntarás qué es la felicidad y la infelicidad para esta corriente. Pues felicidad es la ausencia de dolor y la presencia de placer y, por contraposición, infelicidad es la ausencia de placer y la presencia de dolor.

Hay quienes acusan al utilitarismo de ser una postura egoísta que solo busca el placer propio, pero en realidad la felicidad de la que el utilitarismo habla incluye a todas las personas que se ven afectadas por las acciones, no solo se debe tener en cuenta a quien la realiza. Otras acusasiones tildan al utilitarismo de hedonista (el hedonismo es una doctrina filosófica que considera el placer como fin único o supremo de la vida, según la RAE), pero el hedonismo generalmente busca el placer carnal y el utilitarismo busca tanto el placer carnal como el intelectual. De hecho, John Stuart Mill (1806-1873, economista y filósofo británico, hijo del también economista James Mill y padre del utilitarismo), separa a los placeres en inferiores y superiores, siendo los primeros los corporales y los segundos los mentales. Mill sostiene que quien conoce ambos placeres prefiere unos sobre los otros y que quien desconoce los placeres superiores puede considerarse contento ya que ers más fácil satisfacer el cuerpo que la mente. Sin embargo, la verdadera felicidad incluye los placeres superiores. Es por ello que Mill dice "Es mejor ser un Sócrates infeliz a un necio feliz" o "Es mejor ser un hombre feliz que un cerdo feliz".

Mill también analiza el sacrificio y parte de la idea que es posible pensar una realidad donde el bien personal sea concordante con el bien colectivo, con lo cual es poco probable que necesitemos constantemente poner el bien ajeno por encima del nuestro. De hecho, sacrificar nuestro propio bien solo tiene sentido en aquellos casos que traiga una enorme felicidad a los demás. Para lograr esta realidad de la que habla Mill, el filósofo plantea que necesitamos leyes que armonicen intereses individuales con colectivos y educar a las personas para que asocien el bien grupal con el personal.



 

jueves, 21 de agosto de 2025

Tema 3: Ética - Kant

Immanuel Kant (1724-1804) nació y murió en Prusia y es uno de los filósofos modernos más importante y famoso.

Entre su obra la ética ocupa un lugar relevante y la misma gira en torno al concepto del deber. Así, para este filósofo lo importante es aquello que debe o que no debe hacerse.

Para saber cómo actuar Kant postula que debemos hacerlo de tal manera que nuestra máxima pueda ser universalizada. Esto es, que todo el mundial pudiera hacer lo que nosotros queremos hacer sin llegar a una contradicción.

Veamos un ejemplo. Si deseo mentir y trato de universalizar dicha acción observo que en un mundo que todos mienten la verdad dejaría de existir y por ende también la mentira. Así, no se puede universalizar la acción de mentir, como tampoco la de robar o matar, sin llegar a contradicciones. En cambio, decir la verdad es algo universalizable.

Sabiendo ahora que es universalizar y algunos ejemplos de lo que puede universalizarse y lo que no, es momento de explicar que para Kant lo que se puede universalizar es lo que debe hacerse y lo que no es lo que no debe hacerse. Otro elemento a tener en cuenta en relación al deber es que las personas siempre deben ser tomadas como fines y nunca como medios para alcanzar nuestros fines. Esto apunta a que las personas, solo por ser personas, merecen respeto.

Por cierto, el contexto de las acciones es absolutamente irrelevante para este filósofo, mentir es algo que nunca debe hacerse, no importa a quien se le miente o por que razón. 

Sin embargo, si nos adentramos más en la ética kantiana veremos qué en realidad las acciones no se dividen en dos, sino en tres posibilidades, existiendo las acciones por deber, conforme al deber y contra el deber.

Una acción por deber es cuando se hace lo que se debe hacer y además solo se hace por que es lo que debe hacerse, sin otra razón. En cambio, una acción conforme al deber es cuando se hace lo que se debe hacer, pero para obtener algún beneficio o evitar algún mal. Finalmente, una acción contra el deber es hacer algo que no debe hacerse, sin importar las razones por la que se haga.

Tema 3: Ética - Aristóteles

Aristóteles (384-322 a.C.) es un filósofo griego clásico, discípulo de Platón y uno de los filósofos más importantes de la historia.

En ética su obra más importante es "Ética a Nicómaco", una compilación de sus notas de clases. Allí, Aristóteles desarrolla una ética de la felicidad. Esto es, el filósofo plantea una ética donde lo central es lograr ser feliz.

De hecho, Aristóteles parte de la idea de que todos los seres humanos deseamos ser felices. El problema es que no todos creemos que la felicidad sea lo mismo y, peor aún, a veces la misma persona cree que la felicidad es varias cosas distintas según en qué momento se le pregunte. Por ejemplo, un hombre enfermo puede creer que la salud es la felicidad, pero cuando esté sano quizás crea que la riqueza lo es, e incluso cuando sea rico quizás crea que la felicidad está en encontrar una pareja.

Aristóteles analiza cuales son las respuestas que su sociedad da ante qué es la felicidad y las clasifica en tres: quienes creen que la felicidad es igual al placer, quienes creen que la felicidad está en ser rico y quienes creen que la felicidad consiste en el reconocimiento. Posteriormente pasa a descartar estás tres opciones como la verdadera felicidad.

La verdadera felicidad tiene que ser el último objetivo de todos. Una vez alcanzada esa felicidad no deberíamos querer nada más. Y además esa felicidad debería ser permanente.

Así, el placer no puede ser la felicidad porque no es algo permanente. Cualquier placer acaba, tiene una cierta duración.

Por otro lado, la riqueza no puede ser la verdadera felicidad ya que es un medio, no un fin. La riqueza sirve para alcanzar otros objetivos, no es un objetivo y mucho menos el último objetivo. Eso sí, la felicidad necesita de ciertos recursos materiales.

Finalmente, el reconocimiento depende de los demás y puede llegar o no. Es más, si llega puede irse rápido. Nuestra felicidad no puede depender de otros.

Recopilando, entonces. La felicidad es un fin en sí mismo, que depende de mis acciones y que es permanente. Además, implica la mente, ya que es la felicidad humana y el humano se caracteriza por tener logos (recordemos que "logos" significa tanto razón, como la capacidad de organizarse junto a otros en sociedad, entre otras cosas). Aquello que cumple todas estas características es la vida virtuosa. Con virtudes una persona puede disfrutar la vida en los buenos momentos y estar lo mejor posible en aquellos que sean malos, y que seguro habrá.

En cuanto a virtudes, existen las éticas y las dianoéticas. Las primeras son acciones y dependen de la repetición. Las otras son maneras de pensar adecuadamente y se aprenden mediante el estudio.

Otro punto importante es que para Aristóteles toda virtud tiene dos vicios: una por exceso y otra por defecto. Por ejemplo: para la virtud de la valentía la temeridad es el vicio por exceso y la cobardía el vicio por exceso.

Para finalizar, es importante remarcar que toda virtud depende del contexto. De qué es lo mejor para hacer en cada ocasión en particular. Eso depende mucho de quién soy y, además, no es algo que nadie pueda realizar sin fallas constantemente: hasta el mejor arquero a veces no da en el blanco.


martes, 8 de abril de 2025

Tema 3: Ética - Séneca y Epicuro

En la entrada anterior hablamos de las escuelas helenísticas y ahora vamos a profundizar en el pensamiento de dos referentes de dichas escuelas: Séneca y Epicuro.

Séneca fue un filósofo estoico nacido en el año 3 a.C. y fallecido en el año 65 d.C. En las "Epistolas morales a Lucilo" podemos ver varias ideas principales de su filosofía. Así, por ejemplo, la carta primera sostiene que el tiempo no debe malgastarse, ya que consideramos lejana a la muerte, pero en realidad estamos en un constante camino hacia ella. Mientras aplazamos decisiones, la vida transcurre. Muchas veces obramos mal, estamos inactivos o le damos tiempo a las cosas incorrectas. Según la carta segunda, en cambio, arraigarnos en un lugar fijo para poder desarrollar nuestras amistades y ser selectivos en los que leemos es también fundamental. La carta número tres sigue el tema de la amistad y nos dice que debemos juzgar siempre si alguien es digno de nuestra amistad antes de establecer nuestros vínculos. Una vez sea nuestro amigo, eso sí, contarle todo. No debemos contar todo a cualquier persona. La carta cuarta, a su vez, trata sobre no temer a la muerte, ya que eso nos lleva a la intranquilidad. Además, nos dice que rico es aquel que no tiene hambre, sed o frío ya que nada más nos exige la naturaleza. Proveernos de esas cosas no requieren de gran esfuerzo, afirma Séneca, a diferencia del poder o la fama que sí requieren esfuerzo y de poco nos sirven realmente. La carta quinta llama a que nos mejoremos a nosotros mismos cada día, no por la admiración ajena, sino por nosotros mismos. La carta siete, por su parte, nos alienta a evitar las multitudes, ya que estas fomentan los vicios, y rodearnos de poca gente, pero virtuosa o de nadie, si no tuviéramos gente virtuosa cerca. La carta número trece nos dice que sufrimos más por lo que imaginamos que por lo que finalmente termina sucediendo ya que imaginamos desgracias que no llegan y si llegan las anticipamos o las aumentamos. Finalmente, la carta octava nos llama a ser humildes al recordar que no es nuestro lo que hizo nuestro la fortuna.

Por su parte, Epicuro es el filósofo fundador del epicureísmo. Vivió entre el 341 a.C y el 270 a.C y escribió varias cartas que reflejan sus ideas centrales. Por ejemplo, en su "Carta a Herotodo" sostiene que nada viene de la nada (no ente) y que si lo que desaparece fuera a la nada ya todo habrá sido destruido. También que el universo fue siempre como ahora y lo será pues no hay nada hacia lo que pueda cambiar, dado que no hay nada fuera del universo capaz de producir cambios. En cambio, en la "Carta a Meneceo" se tocan varios conceptos importantes como la felicidad, Dios, la muerte, los deseos, la autarquía, etc. Sobre la felicidad, Epicuro sostiene que cuando la tenemos lo tenemos todo y cuando no lo tenemos hacemos todo por tenerlo. Sobre Dios, el filósofo afirma que la noción común lo define como un ser viviente inmortal y bondadoso, no debemos nunca atribuirle otras características contrarias a esta noción. También se sostiene que se equivoca la mayoría al pensar que los dioses castigan a los malos y recompensan a los buenos ya que castigos y recompensas no van de la mano de la bondad. En relación a la muerte, Epicuro dice que noes nada para nosotros ya que el malo o bien se sienten y la muerte es la privación de poder sentir. Al no poder hacernos daño alguno, no debemos temerle. Quien es sabio no teme ni desea la muerte porque no considera el vivir como una carga. No es importante cuánto se vive sino cómo. Sobre los deseos, a su vez, se los divide en naturales y necesarios (comer, dormir, beber, etc.) , naturales y vanos (sexo, sociabilizar, etc.) y completamente vanos (fama, poder político, etc.). La importancia se pone en la salud del cuerpo y la ataraxia del alma. Se remarca como buscamos evitar los sufrimientos e inquietudes y que hay placeres que traen males mayores como así también dolores que traen bienes mayores. Al respecto de la autarquía se establece que hay que saber contentarse con poco ya que lo más natural se obtiene fácilmente (el hambre y la sed se pueden calmar con pan y agua, no hace falta un banquete). Además, gozan más de la riqueza quienes menos la necesitan. Finalmente se aclara que el placer que se busca es razonado, sin perversiones ni excesos y que hay que desestimar el azar y el destino pues somos grandes responsables de los mayores bienes y males que obtenemos.

viernes, 7 de febrero de 2025

Tema 3: Ética - Escuelas helenísticas

Alrededor del siglo IV a.C. surgen en la Antigua Grecia diferentes escuelas que llamamos helenísticas, estas escuelas se caracterizan por proponer distintas formas de alcanzar la felicidad. En esta entrada nos centraremos en la escuela cínica, la estoica y la epicúrea.

La escuela cínica fue, según algunos filósofos posteriores, fundada por Antístenes (445-365 a. C.), un discípulo de Sócrates. Los cínicos reciben su nombre del griego kyon (perro), un adjetivo que recibían despectivamente, pero que hicieron propio. Dicho nombre proviene de su comportamiento y de su objetivo, que era volver a la vida animal. Los cínicos creían que la civilización era el origen del mal y que el bien residía en una vida simple y acorde a la naturaleza. Despreciaban la riqueza y lo material y creían que el hombre con menos necesidades era más libre y feliz (las necesidades básicas y naturales eran la comida, la bebida, el sueño, el sexo, etc.). La actitud de los cínicos era provocadora y crítica ya que satisfacían sus necesidades enfrente del público. Además, no obedecían ley alguna, ya que se consideraban ciudadanos del mundo (eran apátridas) y buscaban ser autosuficientes. El cínico más famoso es Diógenes de Sinope, del que se cuentan varias anécdotas que reflejan su pensamiento.

Los estoicos, por otro lado, nacieron con la fundación de su escuela alrededor del 300 a.C. El fundador de la escuela fue Zenón de Citio (334-262 a.C.) que en un principio estuvo cercano al cinismo, pero terminó encontrando muy exagerado su modo de vida provocador. El nombre de esta escuela viene de stoa, es decir, "pórtico" en griego, que alude al pórtico pintado del ágora de Atenas donde el fundador enseñaba sus ideas. Séneca (4 a.C- 65 d.C.), Epicteto (50-130 d.C) y el Emperador Marco Aurelio (121-180 d.C.) son referentes tardíos y famosos de esta escuela. La idea principal de los estoicos era dominio de uno mismo mediante la valentía y la razón, querían alcanzar la felicidad y la sabiduría prescindiendo de los bienes materiales. Al estado de imperturbabilidad y control total de uno mismo lo llamaron ataraxia. Creían que lo que sucede no es bueno ni malo sino que sigue las directrices de la naturaleza, por ello hay que saber dominar las pasiones que provienen de la ignorancia de este hecho (dolor, placer, temor), Varios miembros de las élites del imperio romano fueron estoicos, la popularidad de la doctrina decayó con el avance del cristianismo, de hecho, en el año 529 d.C. el Emperador Justiniano prohibió el estoicismo,

Finalmente, el epicureísmo fue fundado y recibe su nombre por Epicuro de Samos (341-271 a.C), quien planteaba la búsqueda razonada de placeres, la ataraxia y la amistad. Los seguidores de esta escuela se reunían en el "Jardín" un espacio de convivencia donde se estudiaba, pero también había celebraciones. El Jardín admitía pobres, mujeres y esclavos, grupos sociales que otros filósofos no admitían en sus escuelas. Los epicúreos creían que la felicidad era la falta de dolor o aflicciones (hambre, tristeza, sed, aburrimiento, etc.). Consideraban importante el equilibrio entre el cuerpo y el alma para alcanzar la imperturbabilidad. Así también eran relevantes los amigos, porque el ser humano solo es feliz entre sus amigos y el bien de todos ellos es el bien del individuo. Planteaban la moderación, esto es, evitar excesos ya que todo placer en exceso se transforma en sufrimiento (por ejemplo, comer en exceso produce indigestión, beber demasiado alcohol problemas de hígado, etc.). Creían que la naturaleza es azarosa y que de ese azar proviene la libertad: las cosas que suceden no tienen ninguna razón, sencillamente suceden. 

miércoles, 5 de febrero de 2025

Tema 2: El problema del conocimiento - Falacias no formales

Una falacia es un razonamiento incorrecto que aparenta ser correcto. Una falacia no formal es un subtipo de falacia. Estas se caracterizan por recurrir a elementos externos al argumento.

A continuación enumeraremos cinco tipos de falacias no formales, ejemplificando en cada caso, para mayor comprensión.


Falacia ad hominem: en esta falacia se rechaza un argumento por quién lo dice, es decir, se ataca al enunciador en vez del enunciado. Recordemos que un enunciado puede ser verdadero o falso más allá de quién lo diga. Habría que analizar en cada caso el argumento y no el enunciador.


Ejemplos:

  • Mariano Iudica dijo que los robos habían aumentado. ¿Qué sabe Iudica sobre robos? (Por más que no sea su área de especialidad, quizás está en lo cierto)

  • ¿Vos nene me vas a decir a mí cómo está la situación sanitaria de Argentina? (Se pretende descartar al enunciador por su juventud)


Falacia ad populum: en esta falacia se apoya una opinión en el supuesto sentimiento o prejuicio de una, nuevamente, supuesta mayoría. En un principio, habría que ver si lo que dice el enunciador refleja lo que piensan la mayoría de las personas y aún si esto fuese cierto habría que ver si esa opinión se sostiene moral, jurídica y/o científicamente.


Ejemplos:

  • La gente está cansada de que ingresen extranjeros al país.

  • La ciudadanía argentina no quiere que haya más PASO (Primarias Abiertas Simultáneas y Obligatorias).


Falacia ad ignorantiam: en esta falacia se pretende pasar por verdadero algo que no se puede refutar. Científicamente, si algo no se puede demostrar que no exista no implica que necesariamente exista. Para que algo exista deben haber pruebas que lo demuestren, no alcanza con no poder refutarlo.


Ejemplos:

  • No se puede demostrar que los extraterrestres no existan, por tanto existen.

  • No se puede demostrar que los fantasmas no existan, por tanto existen.


Falacia por generalización apresurada: en esta falacia conociendo solo unos pocos casos se pretende aplicar una característica o razonamiento a todos los demás.


Ejemplos:

  • Conozco a alguien que vive en una villa y roba. Entonces quien vive en la villa es ladrón.

  • Mi amigo es chino y le va bien en matemáticas. Los chinos son buenos en matemáticas.


Falacia del "¿Y vos qué?": en esta falacia se atribuye lo que se está discutiendo a otro y así se pretende justificar lo discutido. Pero en realidad hablar de otro caso nada dice del que originalmente se discutía.


Ejemplos:

  • Se está discutiendo la relación entre capitalismo y contaminación. Entonces un alumno dice: "Pero en la Unión Soviética había comunismo, y también contaminaban".

  • Se está discutiendo sobre la cantidad de muertos por COVID-19 en Brasil y alguien dice: "Pero en Estados Unidos también hay muchos muertos, y son potencia mundial".


Nótese como en ambos casos por más que lo dicho sea cierto (lo cuál primero habría que comprobar) eso no dice nada sobre el tópico original de discusión.


Tema 2: El problema del conocimiento - John Dewey: "Democracia y educación"

Después de tantos años de educación formal ¿alguna vez te preguntaste cuál es el objetivo de esa educación? Bueno, nuestro modelo educativo está influenciado, entre otras fuentes, en las investigaciones y teorías del pedagogo y psicólogo estadounidense John Dewey (1859-1952). En esta entrada analizaremos algunos puntos sobresalientes sobre su libro de 1916 llamado "Democracia y educación".

Dewey sostiene que el hombre utiliza su ambiente para subsistir y que por su finitud lo que sobrevive de los hombres son los grupos, no los individuos. En estos grupos hay adultos y no adultos y existe una distancia entre todo lo que saben los primeros y los segundos, esa distancia la salvamos mediante la educación. En la misma no solo se transmite lo ya sabido, sino también los objetivos y las aspiraciones del grupo. Tengamos en cuenta que los no adulos son tan dependientes que no podrían ni subsistir biológicamente sin la intervención de los adultos.

La escuela, sin dudas, es un medio para la educación, pero no el único ni el más importante, nos dice Dewey, ya que es mediante la comunicación que generamos la comunidad y la comunicación no es algo que solo suceda dentro de las aulas.

Hay un desafío que nuestras sociedades actuales tienen que las primitivas no tenían. En estas últimas se aprendía haciendo, por ende la distancia entre lo que se aprende y el mundo exterior era inexistente. Hoy corremos el riesgo que se disocie lo que aprendemos en la escuela con el mundo externo, dado que aprendemos tantas cosas y a veces con tanta abstracción.

Para educar, sostiene el pedagogo estadounidense, es necesario un ambiente donde el educado participa. Así, se diferencia la educación, que implica apropiarse de cierto objetivo nuevo y compartido, del adiestramiento que implica la actuación por hábito. Es necesario guiar a los estudiantes, participar en actividades conjuntas que los ayuden a adquirir un sentido social. La educación debe dar lugar al deseo de crecer y permitir ese crecimiento.

Por último, el objetivo y el significado de la educación debe ser el presente y no meramente una preparación para el futuro; y no debemos olvidar que las democracias necesitan la educación para tener miembros que puedan hacer que funcione.

Tema 2: El problema del conocimiento - La aventura del conocimiento y el aprendizaje

Les comparto aquí el texto de Alejandro Dolina, escritor y conductor de radio argentino, titulado "La aventura del conocimiento y el aprendizaje":

La velocidad nos ayuda a apurar los tragos amargos. Pero esto no significa que siempre debamos ser veloces. En los buenos momentos de la vida, más bien conviene demorarse. Tal parece que para vivir sabiamente hay que tener más de una velocidad. Premura en lo que molesta, lentitud en lo que es placentero. Entre las cosas que parecen acelerarse figura -inexplicablemente- la adquisición de conocimientos.

En los últimos años han aparecido en nuestro medio numerosos institutos y  establecimientos que enseñan cosas con toda rapidez: "....haga el bachillerato en  6 meses, vuélvase perito mercantil en 3 semanas, avívese de golpe en 5 días, alcance el doctorado en 10 minutos....."

Quizá se supriman algunos... detalles. ¿Qué detalles? Desconfío. Yo he pasado 7 años de mi vida en la escuela primaria, 5 en el colegio secundario y 4 en la universidad. Y a pesar de que he malgastado algunas horas tirando tinteros al aire, fumando en el baño o haciendo rimas chuscas.
Y no creo que ningún genio recorra en un ratito el camino que a mí me llevó decenios.

¿Por qué florecen estos apurones educativos? Quizá por el ansia de recompensa inmediata que tiene la gente. A nadie le gusta esperar. Todos quieren cosechar, aún sin haber sembrado. Es una lamentable característica que viene acompañando a los hombres desde hace milenios.

A causa de este sentimiento algunos se hacen chorros. Otros abandonan la ingeniería para levantar quiniela. Otros se resisten a leer las historietas que continúan en el próximo número. Por esta misma ansiedad es que tienen éxito las novelas cortas, los teleteatros unitarios, los copetines al paso, las "señoritas livianas", los concursos de cantores, los libros condensados, las máquinas de tejer, las licuadoras y en general, todo aquello que no ahorre la espera y nos permita recibir mucho entregando poco.

Todos nosotros habremos conocido un número prodigioso de sujetos que quisieran ser ingenieros, pero no soportan las funciones trigonométricas. O que se mueren por tocar la guitarra, pero no están dispuestos a perder un segundo en el solfeo. O que le hubiera encantado leer a Dostoievsky, pero les parecen muy extensos sus libros.
Lo que en realidad quieren estos sujetos es disfrutar de los beneficios de cada una de esas actividades, sin pagar nada a cambio.

Quieren el prestigio y la guita que ganan los ingenieros, sin pasar por las fatigas del estudio. Quieren sorprender a sus amigos tocando "Desde el Alma" sin conocer la escala de si menor. Quieren darse aires de conocedores de literatura rusa sin haber abierto jamás un libro.

Tales actitudes no deben ser alentadas, me parece. Y sin embargo eso es precisamente lo que hacen los anuncios de los cursos acelerados de cualquier cosa.
Emprenda una carrera corta. Triunfe rápidamente.

Gane mucho "vento" sin esfuerzo ninguno.

No me gusta. No me gusta que se fomente el deseo de obtener mucho entregando poco. Y menos me gusta que se deje caer la idea de que el conocimiento es algo tedioso y poco deseable.
¡No señores: aprender es hermoso y lleva la vida entera!

El que verdaderamente tiene vocación de guitarrista jamás preguntará en cuanto tiempo alcanzará a acompañar la zamba de Vargas. "Nunca termina uno de aprender" reza un viejo y amable lugar común. Y es cierto, caballeros, es cierto.

Los cursos que no se dictan:  Aquí conviene puntualizar algunas excepciones. No todas las disciplinas son de aprendizaje grato, y en alguna de ellas valdría la pena una aceleración. Hay cosas que deberían aprenderse en un instante. El olvido, sin ir más lejos. He conocido señores que han penado durante largos años tratando de olvidar a damas de poca monta (es un decir). Y he visto a muchos doctos varones darse a la bebida por culpa de señoritas que no valían ni el precio del primer Campari. Para esta gente sería bueno dictar cursos de olvido. "Olvide hoy, pague mañana". Así terminaríamos con tanta canalla inolvidable que anda dando vueltas por el alma de la buena gente.

Otro curso muy indicado sería el de humildad. Habitualmente se necesitan largas décadas de desengaños, frustraciones y fracasos para que un señor soberbio entienda que no es tan pícaro como él supone. Todos -el soberbio y sus víctimas- podrían ahorrarse centenares de episodios insoportables con un buen sistema de humillación instantánea.
Hay -además- cursos acelerados que tienen una efectividad probada a lo largo de los siglos. Tal es el caso de los "sistemas para enseñar lo que es bueno", "a respetar, quién es uno", etc.
Todos estos cursos comienzan con la frase "Yo te voy a enseñar" y terminan con un castañazo. Son rápidos, efectivos y terminantes.

Elogio de la ignorancia: Las carreras cortas y los cursillos que hemos venido denostando a lo largo de este opúsculo tienen su utilidad, no lo niego. Todos sabemos que hay muchos que han perdido el tren de la ilustración y no por negligencia. Todos tienen derecho a recuperar el tiempo perdido. Y la ignorancia es demasiado castigo para quienes tenían que laburar mientras uno estudiaba.
Pero los otros, los buscadores de éxito fácil y rápido, no merecen la preocupación de nadie. Todo tiene su costo y el que no quiere afrontarlo es un garronero de la vida.
De manera que aquel que no se sienta con ánimo de vivir la maravillosa aventura de aprender, es mejor que no aprenda.

Yo propongo a todos los amantes sinceros del conocimiento el establecimiento de cursos prolongadísimos, con anuncios en todos los periódicos y en las estaciones del subterráneo.

"Aprenda a tocar la flauta en 100 años".
"Aprenda a vivir durante toda la vida".
"Aprenda. No le prometemos nada, ni el éxito, ni la felicidad, ni el dinero. Ni siquiera la sabiduría. Tan solo los deliciosos sobresaltos del aprendizaje".

lunes, 3 de febrero de 2025

Tema 2: El problema del conocimiento - El empirismo de Hume

En entradas anteriores hicimos referencia tanto a Platón como a Descartes, dos referentes del racionalismo, esto es, la corriente filosófica que le da más importancia a la razón que a los sentidos a la hora de conocer. En esta ocasión analizaremos a uno de los referentes más importantes de la corriente contraria: los empiristas. Estos son aquellos filósofos que le dan más valor a los sentidos que a la razón a loa hora de conocer.

David Hume fué un filósofo escocés que vivió entre 1711 y 1776. La versión más ordenada de su teoría sobre el conocimiento se encuentra en "Investigación sobre el conocimiento humano", un libro publicado en 1748. El objetivo del filósofo escocés es establecer los límites del conocimiento, esto es, delimitar adecuadamente que podemos y que no podemos saber. Además, a Hume le interesa que la ciencia y la filosofía sean humanas, esto es, que se relacionen con la sociedad y el hombre común y dejen de ser algo solo asociado con un pequeño grupo social.

Hume diferencia las ideas de las percepciones, siendo las primeras una débil copia de las segundas. Según él, nosotros tenemos experiencias, a las cuales accedemos mediante nuestra sensibilidad. Estas experiencias son mucho más intensas que las ideas, por ejemplo, es mucho más intenso el sentimiento de amar que la idea de amor. Así, para Hume las ideas son reflexiones o pensamientos que hacemos luego de vivir alguna experiencia, por ende, toda idea proviene de una percepción previa.

Es más, el filósofo escocés ataca a la idea de que la mente sea muy poderosa que suelen tener otros pensadores, particularmente los racionalistas. Hume afirma que al toda idea provenir de una percepción, como ya dijimos, entonces la mente lo único que puede hacer es aumentar, disminuir, combinar o transportar las percepciones. Un ejemplo de esto es el pegaso, que no es otra cosa que la combinación de las percepciones de "caballo", "alas" y "blanco". El ejemplo más extremo de esto es la idea de Dios que no termina siendo otra cosa que el aumento al infinito de las cualidades humanas.

A la hora de dividir aquellos que podemos pensar e investigar Hume diferencia las cuestiones de hecho de las relaciones de ideas. Estas últimas son aquellas que no dependen de la existencia de las cosas y que solo puedo concebir de una única manera (por ejemplo, 2+2=4 o el Teorema de Pitágoras). En cambio, las cuestiones de hecho son todas aquellas donde la mente es capaz de concebir distintos resultados sin contradicción lógica. Por ejemplo, puedo concebir tanto que el sol saldrá mañana como que no saldrá. Este tipo de cuestiones no puede resolverla la mente, sino que lo resuelve nuestra experiencia, que en el ejemplo dado nos diría que es muy probable que el sol siga saliendo mañana como todos los días previos. Con todo esto el filósofo quiere señalar que los efectos no están contenidos en las causas y que sin experiencia las consecuencias no pueden ser sabidas.

Tras todo este análisis podemos responder dónde está el límite del conocimiento: solo podemos conocer aquello que podemos experimentar.


Tema 2: El problema del conocimiento - Meditaciones metafísicas

En la entrada anterior hablamos de la concepción de la realidad para Platón. Esta entrada estará dedicada a otro racionalista, pero moderno: René Descartes. ¿Qué significa que dichos filósofos sean racionalistas? Pues que creen que la razón es más importante que los sentidos a la hora de conocer.

Descartes fué un filósofo francés que vivió entre 1596 y 1650. Es uno de los pensadores más importantes de la modernidad y su libro más célebre son las "Meditaciones metafísicas", publicado por primera vez en 1641.

Acá podés leer el texto completo, sabiendo que para nuestro análisis nos importan particularmente las meditaciones primera, segunda, tercera y cuarta.

El objetivo de las meditaciones es alcanzar algún saber indubitable, algo de lo que nadie pueda dudar, y de ahí construir un conocimiento del cuál estemos seguros. Así. la primera meditación muestra como el filósofo aplica la "duda metódica": el dudar como una manera de alcanzar un saber del cuál sea imposible dudar. Este saber es encontrado en la segunda meditación, donde se llega al "yo cartesiano", esto es, el hecho de que no podamos dudar de que somos y que existimos. La tercera meditación trata sobre Dios y la cuarta analiza la fuente del error.   

domingo, 2 de febrero de 2025

Tema 2: El problema del conocimiento - La realidad según Platón

Platón, aquel filosofo de la Grecia clásica que escribió tanto la "Apología de Sócrates" como "El banquete", dos textos que analizamos en el tema 1, nació en el 427 y murió en el 327 (ambas fechas a.C.). Es el primer filósofo que nos va ayudar a pensar en nuestro segundo tema: el problema del conocimiento.

Platón sostenía que la realidad se divide en dos planos: el terrenal y el ideal. En el primero encontramos los entes (las personas y los objetos), a los cuales accedemos mediante nuestros sentidos y es un plano que se caracteriza por ser cambiante. Este plano es una copia del plano original, que es el ideal. En este otro plano no hay entes, sino ideas a las cuales accedemos mediante nuestra razón. Además, este plano es inmutable, es decir, no sufre cambios.

A la hora de pensar en el conocimiento el filósofo griego separa la doxa de la episteme. La primera es el terreno de la opinión, de lo opinable, de hablar de lo que vemos. Es un terreno donde abunda la subjetividad y los cambios. Las opiniones cambian según la persona que opine, e incluso una misma persona puede opinar cosas diferentes en dos momentos distintos de su vida. Es esta subjetividad y variabilidad lo que hace que la doxa no sea verdadero conocimiento. Aquí Platón ubica al arte, a la política y al sentido común. Este es el terreno en el que los sofistas y divulgadores saben qué decir para ganarse el apoyo del vulgo. En cambio, la segunda es el terreno del verdadero conocimiento, no solo objetivo, sino también inmutable, un terreno que concebimos, antes que vemos. Este es el lugar de la ciencia y de la filosofía, dos disciplinas que nos muestran saberes que el público general rechaza.

Para explicar mejor estas ideas que esbozamos, Platón utiliza la "Alegoría de la caverna", un relato que reproduzco a continuación:

—Después de eso —proseguí— compara nuestra naturaleza respecto de su educación y de su falta de educación con una experiencia como ésta. Represéntate hombres en una morada subterránea en forma de caverna, que tiene la entrada abierta, en toda su extensión, a la luz. En ella están desde niños con las piernas y el cuello encadenados, de modo que deben permanecer allí y mirar sólo delante de ellos, porque las cadenas les impiden girar en derredor las cabeza. Más arriba y más lejos se halla l luz de un fuego que brilla detrás de ellos; y entre el fuego y los prisioneros hay un tabique construido de lado a lado, como el biombo que los titiriteros levantan delante del público para mostrar, por encima del biombo, los muñecos.

—Me lo imagino.

—Imagínate ahora que, del otro lado del tabique, pasan sombras que llevan toda clase de utensilios y figurillas de hombres y otros animales, hechos en piedra y madera y de diversas clases; y entre los que pasan unos hablan y otros callan.

—Extraña comparación haces, y extraños son esos prisioneros.

—Pero son como nosotros. Pues en primer lugar, ¿crees que han visto de sí mismos, o unos de los otros, otra cosa que las sombras proyectadas por el fuego en la parte de la caverna que tienen frente a sí?

Claro que no, si toda su vida están forzados a no mover las cabezas.

¿Y no sucede lo mismo con los objetos que llevan los que pasan del otro del tabique?

Indudablemente.

Pues entonces, si dialogaran entre sí, ¿no te parece que entenderían estar nombrando a los objetos que pasan y que ellos ven?

Necesariamente.

Y si la prisión contara con un eco desde la pared que tienen frente a sí, y alguno de los que pasan del otro lado del tabique hablara, ¿ no piensas que creerían que lo que oyen proviene de la sombra que pasa delante de ellos?

¡Por Zeus que sí!

¿ Y que los prisioneros no tendrían por real otra cosa que las sombras de los objetos artificiales transportados?

—Es de toda necesidad.

Examina ahora el caso de una liberación de sus cadenas y de una curación de su ignorancia, qué pasaría si naturalmente les ocurriese esto: que uno de ellos fuera liberado y forzado a levantarse de repente, volver el cuello y marchar mirando a la luz y , al hacer todo esto, sufriera y a causa del encandilamiento fuera incapaz de percibir aquellas cosas cuyas sombras había visto antes. ¿ Qué piensas que respondería si se le dijese que lo que había visto antes eran fruslerías y que ahora en cambio, está más próximo a lo real, vuelto hacia cosas más reales y que mira correctamente? Y si se le mostrara cada uno de los objetos que pasan del otro lado del tabique y se le obligara a contestar preguntas sobre lo que son, ¿ no piensas que se sentiría en dificultades y que considerará que las cosas que antes veía eran más verdaderas que las que se le muestran ahora?

Mucho más verdaderas.

Y si se le forzara a mirar hacia la luz misma, ¿no le dolerían los ojos y trataría de eludirla, volviéndose hacia aquellas cosas que podía percibir, por considerar que éstas son realmente más claras que las que se le muestran?

Así es.

Y si a la fuerza se lo arrastrara por una escarpada y empinada cuesta, sin soltarlo antes de llegar hasta la luz del sol, ¿ no sufriría acaso y se irritaría por ser arrastrado y, tras llegar a la luz, tendría los ojos llenos de fulgores que le impedirían ver uno solo de los objetos que ahora decimos que son los verdaderos ?

Por cierto, al menos inmediatamente.

Necesitaría acostumbrarse, para poder llegar a mirar las cosas de arriba. En primer lugar miraría con mayor facilidad las sombras, y después las figuras de los hombres y de los otros objetos reflejados en el agua, luego los hombres y los objetos mismos. A continuación contemplaría de noche lo que hay en el cielo y el cielo mismo, mirando la luz de los astros y la luna más fácilmente que, durante el día, el sol y la luz del sol.

Sin duda.

Finalmente, pienso, podría percibir el sol, no ya en imágenes en el agua o en otros lugares que le son extraños, sino contemplarlo cómo es en sí y por sí, en su propio ámbito.

Necesariamente.

Después de lo cual concluiría, con respecto al sol, que es lo que produce las estaciones y los años y que gobierna todo en el ámbito visible y que de algún modo es causa de las cosas que ellos habían visto.

Es evidente que, después de todo esto, arribaría a tales conclusiones.

Y si se acordara de su primera morada, del tipo de sabiduría existente allí y de sus entonces compañeros de cautiverio, ¿no piensas que se sentiría feliz del cambio y que los compadecería?

Por cierto.

Respecto de los honores y elogios que se tributaban unos a otros, y de las recompensas para aquel que con mayor agudeza divisara las sombras de los objetos que pasaban detrás del tabique, y para el que mejor se acordase de cuáles habían desfilado habitualmente antes y cuáles después, y para aquel de ellos que fuese capaz de adivinar lo que iba a pasar, ¿te parece que estaría deseoso de todo eso y que envidiaría a los más estaría deseoso de todo eso y que envidiaría a los más honrados y poderosos entre aquellos? ¿ O más bien no le pasaría como al Aquiles de Homero, y "preferiría ser un labrador que fuera siervo de un hombre pobre" o soportar cualquier otra cosa, antes que volver a su anterior modo de opinar y a aquella vida ?

Así creo también yo, que padecería cualquier cosa antes que soportar aquella vida.

Piensa ahora esto: si descendiera nuevamente y ocupara su propio asiento, ¿no tendría ofuscados los ojos por las tinieblas, al llegar repentinamente del sol?

Sin duda.

Y si tuviera que discriminar de nuevo aquellas sombras, en ardua competencia con aquellos que han conservado en todo momento las cadenas, y viera confusamente hasta que sus ojos se reacomodaran a ese estado y se acostumbraran en un tiempo nada breve, ¿no se expondría al ridículo y a que se dijera de él que, por haber subido hasta lo alto, se había estropeado los ojos, y que ni siquiera valdría la pena intentar marchar hacia arriba? Y si intentase desatarlos y conducirlos hacia la luz, ¿no lo matarían, si pudieran tenerlo en sus manos y matarlo?

Seguramente.

Pues bien, querido Glaucón, debemos aplicar íntegra esta alegoría a lo que anteriormente ha sido dicho, comparando la región que se manifiesta por medio de la vista con la morada-prisión, y la luz del fuego que ha en ella con el poder del sol; compara, por otro lado, el ascenso y contemplación de las cosas de arriba con el camino del alma hacia el ámbito inteligible, y no te equivocarás en cuanto a lo que estoy esperando, y que es lo que deseas oír. Dios sabe si esto es realmente cierto; en todo caso, lo que a mi me parece es que lo que dentro de lo cognoscible se ve al final, y con dificultad, es la Idea del Bien. Una vez percibida, ha de concluirse que es la causa de todas las cosas rectas y bellas, que en el ámbito visible ha engendrado la luz y al señor de ésta, y que en el ámbito inteligible es señora y productora de la verdad y de la inteligencia, y que es necesario tenerla en vista para poder obrar con sabiduría tanto en lo privado como en lo público.

Comparto tu pensamiento, en la medida que me es posible.

Mira también si lo compartes en esto: no hay que asombrarse de que quienes han llegado allí no estén dispuestos a ocuparse de los asuntos humanos, sino que sus almas aspiran a pasar el tiempo arriba; lo cual es natural, si la alegoría descrita es correcta también en esto.

Muy natural.

Tampoco sería extraño que, de contemplar las cosas divinas, pasara a las humanas, se comportase desmañadamente y quedara en ridículo por ver de modo confuso y, no acostumbrado aún en forma suficiente a las tinieblas circundantes, se viera forzado, en los tribunales o en cualquier otra parte, a disputar sobre sombras de justicia o sobre las figurillas de las cuales hay sombras, y a reñir sobre esto del modo en que esto es discutido por quienes jamás han visto la justicia en sí.

De ninguna manera sería extraño.

Pero si alguien tiene sentido común, recuerda que los ojos pueden ver confusamente por dos tipos de perturbaciones: uno al trasladarse de la luz a la tiniebla, y otro de la tiniebla a la luz; y al considerar que esto es lo que le sucede al alma, en lugar de reírse irracionalmente cuando la ve perturbada e incapacitada de mirar algo, habrá de examinar cuál de los dos casos es: si es que al salir de una vida luminosa ve confusamente por falta de hábito, o si, viniendo de una mayor ignorancia hacia lo más luminoso, es obnubilada por el resplandor. Así, en un caso se felicitará de lo que le sucede y de la vida a que accede; mientras en el otro se apiadará, y si se quiere reír de ella, su risa será menos absurda que si se descarga sobre el alma que desciende de la luz.

sábado, 18 de enero de 2025

Tema 1: Filosofía, ciencia y sentido común - "El banquete"

En una entrada anterior mencionamos la mayéutica, el método socrático para filosofar. Hoy hablaremos de "El banquete", un diálogo platónico que muestra a este método en acción (y el cuál podés leer completo acá).

"El banquete" relata una reunión entre varios atenienses en casa de un artista llamado Agatón que celebraba con comida, bebida y allegados el haber ganado una competencia artística recientemente. Una vez terminan de comer, deciden beber y poner una consigna para ese momento: cada uno deberá realizar, por turno, una alabanza al dios Eros, el dios griego del amor.

Comienza Fedro diciendo que Eros es el dios más antiguo y que más beneficia a los hombres ya que es el amor el que nos enseña la vergüenza. Este sentimiento nos disuade de hacer actos vergonzosos, sobre todo ante la posibilidad de que un ser amado nos vea haciéndolos. Por ende el amor nos marcaría un camino recto y honroso a seguir. Fedro ejemplifica el poder del amor al sostener que un ejército de enamorados sería el más poderoso de la tierra ya que nadie querría verse débil o cobarde ante su amado. El amor es tan fuerte, culmina Fedro, que hasta algunas mujeres (consideradas inferiores) son capaces de dar la vida por quienes aman, por ejemplo, por sus hijos.

Tras otras intervenciones, que no son mencionadas en el propio diálogo por considerarse menos relevantes, le toca el turno a Pausanias, el amante de Agatón. Pausanias sostiene que en realidad existen dos Eros, no uno, así como también existen dos Afroditas. Y es que, continúa Pausanias, ninguna acción es en sí misma bella o buena, sino que depende de cómo se haga. Por ejemplo, beber puede ser malo en otros contextos, o bueno en este, dónde además de beber se alaba a un dios. Por ende, no todo amor es bueno. Habría dos amores, sostiene Pausanias, uno vulgar de los hombres vulgares que aman a mujeres y a hombres jóvenes y otro, superior, de hombres que aman a otros hombres. En el primero, el amante prefiere a estas personas de poca inteligencia para poder disfrutar de sus cuerpos. En el segundo, los hombres (más fuertes e inteligentes por naturaleza, según Pausanias, que las mujeres) se enamoran de un igual atraídos por sus almas. El segundo tipo de amor sería más duradero ya que el alma no se deteriora, con lo cual el paso del tiempo no hace mella en este tipo de amor, pero sí en el otro, ya que los cuerpos se vuelven menos apetecibles con el paso de los años.

La próxima alabanza que recoge el texto es la del médico Erixímaco. Él amplia lo dicho por Pausanias al sostener que no solo existe amor por cuerpos y almas, sino también por otras cosas, como los animales, el amor del que nace su profesión. Así, otras profesiones incluyen amores por otras cosas que no son ni cuerpos ni almas humanas.

La siguiente alabanza es la del cómico Aristófanes que cuenta el supuesto origen de la humanidad. Así, en un inicio había tres sexos, relata el cómico, hombres, mujeres y andróginos. Y esto es porque los humanos eran seres circulares, compuestos de dos cabezas, cuatro brazos, cuatro piernas, etc., es decir, estos seres eran como dos humanos actuales abrazados que formaban un solo ser. Según Aristófanes, estos antiguos humanos eran fuertes y arrogantes y trataron de ir al Olimpo a pelear con los dioses. Estos últimos los castigaron partiéndolos a la mitad, para hacerlos más débiles. No los mataron puesto que así perderían quienes les ofrecen sacrificios y honores. El problema fue que las mitades separadas se buscaban constantemente y o morían en la búsqueda de su otra mitad, o encontraban a su otra mitad e igualmente morían puesto que no querían hacer otra cosa que abrazarse. Ante esta situación los dioses le dieron la capacidad de reproducirse a los seres humanos, para que de sus "abrazos" nacieran nuevos humanos. Finalmente, Aristófanes afirma que cada uno de nosotros es una mitad que busca su otra mitad y que solo seremos felices al encontrarla.

Llega el turno del anfitrión, Agatón, que protesta diciendo que todos los que hablaron antes de él nombraron los bienes que Eros da a los hombres, pero no dijeron nada de Eros en sí. Por ello, Agatón sostiene que Eros es el más feliz, el más bello y el mejor de los dioses; que también es eternamente joven, para mantener la belleza, y que es delicado ya que habita el alma de otros dioses y de las personas. Por último, que al inspirar a los poetas, capaces de bellos y sabios poemas, debe ser también sabio.

Y así llegamos finalmente a Sócrates que irónicamente dice que parece que él no sabe alabar, puesto que pensaba que para alabar había que decir la verdad sobre lo que se alaba, cosa que no hizo nadie previamente. Más bien todos se dedicaron a decir lo mejor y más bello que podían decir sobre Eros sin importar si era una verdad. Tras esto, el filósofo se propone a usar la mayéutica con Agatón, para que sea el anfitrión el que termine llegando por él mismo a la verdad sobre Eros. Estas son las preguntas de Sócrates, con las consiguientes respuestas de Agatón.

  • ¿Es Eros amor de algo? Sí
  • ¿Se desea lo que se ama? Sí
  • ¿Alguien desea lo que ya tiene? (por ejemplo alguien fuerte ser fuerte) No
  • ¿Se desea lo que no se tiene? Sí
  • ¿Eros ama la belleza? Sí
  • ¿Entonces si ama la belleza no es bello? Sí
  • ¿Y, dado que lo bueno es bello, si Eros no es bello no es bueno? Así parece...

Tras este intercambio Agatón termina concluyendo que Eros es feo y malo, lo cuál no tiene sentido para el dios del amor. Entonces Sócrates se propone resolver esta aparente incoherencia.

Nuevamente Sócrates empieza con una ironía, diciendo que lo que sabe de Eros lo aprendió de Diotimia, una mujer (recordemos que los griegos en general consideraban a las mujeres inferiores). El filósofo plantea el paralelismo al interrogar si todo aquel que no es sabio es necesariamente ignorante. Entonces, así como hay algo intermedio entre la ignorancia total y la sabiduría absoluta, así también hay un intermedio entre la belleza y la fealdad y entre lo bueno y lo malo. Eros, dice Sócrates, ama la sabiduría de las cosas más bellas y ¿qué tipo de ser ama la sabiduría? uno que no sea ni el sabio, que ya la tiene, ni el ignorante, que la desprecia. Ese ser no es otro que el filósofo, el amante de la sabiduría, por lo cual Eros sería más bien el dios de los filósofos, antes que el dios de los artistas, como creía Agatón.

lunes, 13 de enero de 2025

Tema 1: Filosofía, ciencia y sentido común - "Apología de Sócrates"

En entradas anteriores ya adelantamos que para ciertas corrientes Sócrates es el "padre de la filosofía", y si bien otras corrientes filosóficas no coinciden, todos los filósofos estamos más o menos de acuerdo en que el pensador griego es un representante fundamental de nuestra disciplina.

Sócrates fue un filósofo nacido en Grecia, Atenas, en el año 470 a.C. Falleció en el mismo sitio, en el año 399 a.C. condenado a suicidarse. Dicha condena fue producto de un juicio que su discípulo Platón relata en el libro "Apología de Sócrates". Acá pueden consultar el texto completo.

En esta entrada mencionaremos los puntos centrales del texto platónico, como manera de conocer mejor en qué consistió la labor filosófica de Sócrates.

La apología comienza con el filósofo afirmando que sus acusadores solo dicen mentiras y que particularmente le llama la atención que justamente ellos lo acusen de que puede engañar a los demás mediante la elocuencia. Inmediatamente Sócrates establece la idea de que es más importante lo que se dice que la forma en que se dice, es decir, que lo fundamental es decir la verdad y no cómo se dice. Este inicio es muy importante ya que dentro de los acusadores del filósofo se encuentran los sofistas, unos especialistas de la oratoria, la persuasión y la elocuencia de los que Sócrates quiere constantemente diferenciarse.

Tras esto, Sócrates dice que empezará por defenderse de la acusación de que él investiga las "cosas del cielo" y que quienes realizan tales estudios no creen en los dioses. Estas acusaciones, además, no sabe exactamente quienes las hacen ya que son más bien rumores malintencionados que varias personas han difundido. Aquí, el filósofo primero responde diciendo que nadie de los presentes lo ha escuchado nunca hablar de dichos asuntos y que, por otro lado, él sabe de dónde proviene el odio que motiva esas mentiras. Así, procede a contar lo que le sucedió a su amigo Querefonte.

Un tiempo atrás, Querefonte visitó el oráculo de Delfos (podés aprender más de dicho oráculo acá) y preguntó si existía un hombre más sabio que Sócrates, a lo cual el oráculo contestó que no. El filósofo, sabiendo que los dioses no mienten, se preguntó porque ellos lo consideraban el más sabio, ya que a él mismo no le quedaba claro ese punto. Para corroborar esta afirmación, Sócrates fue a hablar con un político considerado muy sabio. Sin embargo, descubrió que si bien él mismo se consideraba sabio y que también había otras personas que lo consideraban así, realmente desconocía cosas que creía saber y que, en efecto, no era un sabio. Tras ello fue a hablar con otros políticos, poetas y artistas y en todos ellos observó lo mismo: creían saber cosas que realmente no sabían y se consideraban sabios, incluso eran tratados como tales, cuando verdaderamente no lo eran. Así, Sócrates llega a la conclusión que al saber que él no es sabio ya sabe más que los supuestos sabios, esto es, el filósofo es consciente de su propia ignorancia.

Es importante detenernos aquí, ya que es fundamental aclarar el sentido de todas estas afirmaciones, muchas veces malinterpretadas. Cuando Sócrates se declara ignorante lo hace frente a la sabiduría absoluta, algo que solo los dioses pueden ostentar, así, no es que Sócrates no sepa nada, sino que sabe que su conocimiento como humano estará siempre alejado de la sabiduría real, completa, de las deidades.

Retomando, el filósofo considera que las acusaciones de que no cree en los dioses proviene de los supuestos sabios que él dejó expuestos como falsos y de los seguidores de aquellos. Tras esto, Sócrates se defiende de las acusaciones más recientes, realizadas, entre otros, por el poeta Melito.

Melito acusa a Sócrates de corromper a la juventud y de, nuevamente, creer en otros dioses. Ante esto el filósofo utiliza la mayéutica, de la cual hablaremos en otra entrada, un método por el cual es el propio poeta el que queda en evidencia al considerar que todos los atenienses forman a la juventud, salvo Sócrates, que los corrompería, lo cual es, a todas luces, un absurdo. Sobre esto el filósofo confiesa no hacer otra cosa que ir por todas partes tratando de persuadir tanto a jóvenes como a viejos de que presten menos atención al cuerpo y las riquezas y más al desarrollo de sus almas (aquí es importante remarcar que para los antiguos griegos el alma es un concepto que se relaciona íntimamente con lo que nosotros denominamos "mente"). Además, Sócrates logra que Melito confiese que es mejor vivir entre personas buenas y no malas, por tanto el filósofo debería ser tonto al corromper a la juventud y rodearse de personas malvadas. O sea que o Sócrates corrompe jóvenes sin saberlo, lo cual no era penable en su sociedad, o Sócrates debería ser un necio al corromper jóvenes que luego podrían dañarlo. 

Finalmente, Sócrates hace una defensa en favor de los atenienses y no de sí mismo, ya que sostiene que es la polis la que sufrirá una gran pérdida si él es condenado. En efecto, puede que Sócrates sea como una tábano (insecto similar a la mosca), que es molesto, pero esa molestia es necesaria ya que la función de despertar y reprochar a los atenienses es algo que ellos necesitan. En este punto el filósofo también aclara por que actuó siempre en privado y no en público y es que oponerse a las injusticias de un pueblo públicamente hubiera llevado a la muerte a Sócrates hace ya mucho tiempo.

Finalizada la defensa del filósofo, los jueces, que eran 556, votan y resulta Sócrates condenado con 281 votos en contra y 275 a favor. Así, el filósofo es condenado por apenas 6 votos. Tras esto el filósofo dice que siendo pobre lo único que podría ofrecer para no ser condenado es una moneda de plata, pero que sus discípulos y amigos están dispuestos a pagar por el 30 monedas de plata. Los jueces no aceptan el pago y condenan, finalmente, a Sócrates a muerte.

Ya condenado, Sócrates le habla a los jueces que lo condenaron y a los que trataron de absolverlo. A los primeros les advierte que si creen que deshaciendose del filósofo van a poder seguir su vida reprochable sin que nadie más los reproche están equivocados porque detrás de Sócrates vendrán otros que los amonesten como él. La manera de que no te reprochen ser injusto, afirma el filósofo, no es eliminar al que reprocha sino abrazar una vida honrada. Mientras tanto, a los otros jueces, los que quisieron absolverlo, Sócrates les pide que le causen las mismas "molestias" a sus hijos que él les causó a los atenienses.


  

sábado, 4 de enero de 2025

Tema 1: Filosofía, ciencia y sentido común - "¿Qué es eso de filosofía?", de Heidegger

En agosto de 1955 el filósofo alemán Martin Heidegger pronunció una conferencia en Cerisy-la-Salle, Francia. La tituló "¿Qué es eso de filosofía?" y sobre su contenido hablaremos en esta entrada.

Heidegger comienza diciendo que la pregunta por la filosofía no tiene que ser hecha de manera que preguntemos por ella como algo fuera de la misma, es decir, es importante que la pregunta por la filosofía sea hecha de manera filosófica porque la pregunta por la filosofía ES una cuestión filosófica.

Luego, el filósofo alemán habla de como se suele asociar a la filosofía con la razón y nos advierte de sacar conclusiones apresuradas ya que es cierto que la filosofía no es irracional, pero eso no implica que no haya un tipo de afección involucrada cuando filosofamos, una afección que no tiene que ver con lo que comúnmente llamamos afectos y sentimientos (los cuales se encuentran, efectivamente, asociados con la irracionalidad). Esa afección, se aclarará más adelante en la conferencia, es el asombro. Es el asombro la disposición que nos permite filosofar.

Posteriormente Heidegger concluye que la expresión "filosofía europeo-occidental" es una tautología ya que la filosofía es europea y occidental en su esencia y orígenes. Occidente y Europa, y solo ellos, son originalmente "filosóficos". Profundizando en este camino, la filosofía no solo es griega según su procedencia sino que el modo de preguntar de la filosofía es también helénico. Y no solo el modo de preguntar del origen sino nuestro actual modo de preguntar que apunta al ser de las cosas.

Llegamos así a un punto central de la conferencia, al menos para nosotros, que define al filosofar como una conversación con los filósofos. Así, se establece la diferencia entre describir lo que opina un filósofo y discutir con ellos punto por punto aquello que dicen. Lo primero podría ser definido como enseñar las ideas de un filósofo y lo segundo es lo que es propiamente filosofar. Aparece así la idea de que la filosofía es una actividad que si bien parte de dialogar con otros filósofos previos implica que hagamos nuestros propios aportes.

Como conclusión de esta entrada podemos retomar una de las ideas del cierre de la conferencia, que establece que aprendemos qué es la filosofía cuando efectivamente filosofamos, no es una respuesta a la que podamos llegar por fuera de la filosofía.


Tema 1: Filosofía, ciencia y sentido común - La filosofía

Cuando se habla de la filosofía nunca deja de mencionarse, no sin razón, su origen etimológico: "filosofía" viene de philos, que significa amor, y sophía, que significa sabiduría. Entonces, etimológicamente hablando, la filosofía sería el amor por la sabiduría y quien filosofa sería un amante de la sabiduría. Volveremos sobre esta idea en otra entrada, donde hablaremos de la "Apología de Sócrates", pero sirva de momento quedarnos con la idea de que filosofar no es algo que haga un sabio, quien ya posee la sabiduría, sino algo que hace una persona que busca aquello que ama, que es el saber.

Y con decir "algo que hace" ya adelantamos que la filosofía es una actividad, un hacer que ahora podemos puntualizar mejor y decir que busca cuestionar la realidad que nos rodea. Y es que la Filosofía no acepta la supuesta naturalidad del mundo, las obviedades de las que hablamos cuando hablamos del sentido común en la entrada anterior. La filosofía, más bien, se hace preguntas sobre ese mundo que nos rodea. Esas preguntas, también adelantamos esta idea en nuestra anterior entrada, son preguntas con ciertas características especiales. Lo que las hace especiales es que son preguntas que nacen de nuestra condición humana y por ende son preguntas que nos interpelan: ¿quién soy? ¿existe algún dios? ¿qué es el bien?, por ejemplo.

Es en este sentido que para muchos podemos ubicar el origen de la filosofía en el mismo momento del origen de la humanidad ya que allí donde hay humanos habrá preguntas filosóficas. Otros, sin embargo, creen que la filosofía es una actividad cuyo origen se remonta a la Antigua Grecia, allá por el siglo IV a.C., con Sócrates como el "padre" de la actividad que continuaran otros grandes pensadores de esa época.

Yendo ahora a la relación de la filosofía con la ciencia, debemos saber que las respuestas filosóficas conviven entre sí, no sucede, como suele suceder en la ciencia, que una respuesta reemplaza a la anterior. Por ejemplo, la respuesta de que el Sol gira alrededor de la Tierra fue reemplazada por la respuesta de que en realidad es la Tierra la que gira alrededor del Sol. En cambio, la respuesta de qué es el bien para un filósofo no anula la respuesta de lo que es el mismo concepto para otro filósofo. Es por ello que el filósofo argentino Alejandro Korn dice: 

"Cada generación continúa la obra de sus predecesores pero también la altera y la transmuta; conserva el viejo término tradicional pero modifica su sentido y su concepto (...) Desde luego no existe la filosofía, existen numerosas escuelas y posiciones filosóficas." (Alejandro Korn, Sistema filosófico, Buenos Aires, Nova, 1959).

Y las respuestas filosóficas conviven entre sí porque son respuestas a preguntas que no podemos evadir ya que nos interpelan en cuanto a que somos humanos. Por ende, ante cada cuestionamiento filosófico llegaremos, con suerte, a una respuesta, la nuestra, no a LA respuesta, válida para todo tiempo y lugar. Por ende el cuestionamiento filosófico debe ser profundamente nuestro, sobre esto dice el filósofo alemán Karl Jaspers:

"El pensar filosófico tiene que ser original en todo momento. Tiene que llevarlo a cabo cada uno por sí mismo." (Karl Jaspers, La filosofía, México, FCE, 1957).

Vemos entonces que la filosofía es prácticamente lo opuesto al sentido común, es una actividad donde en vez de imitar se trata de producir algo propio, diferente al resto.

Tema 3 - Ética: El hombre mediocre

José Ingenieros (1877-1925) fue un médico psiquiatra, psicólogo, escritor y filósofo italoargentino. Una de sus obras más famosas es "E...