domingo, 8 de marzo de 2026

Tema 3: Ética - El utilitarismo

El utilitarismo es una corriente o escuela filosófica que presenta una ética consecuencialista. Esto significa que en su análisis de las acciones importan las consecuencias que generan las mismas. Así, las acciones se clasifican en dos categorías: right and wrong. Una acción cae en la primera categoría si genera felicidad, en cambio, cae en la segunda categoría si genera infelicidad. Ahora bien, si estás siguiendo bien nuestro curso enseguida te preguntarás qué es la felicidad y la infelicidad para esta corriente. Pues felicidad es la ausencia de dolor y la presencia de placer y, por contraposición, infelicidad es la ausencia de placer y la presencia de dolor.

Hay quienes acusan al utilitarismo de ser una postura egoísta que solo busca el placer propio, pero en realidad la felicidad de la que el utilitarismo habla incluye a todas las personas que se ven afectadas por las acciones, no solo se debe tener en cuenta a quien la realiza. Otras acusasiones tildan al utilitarismo de hedonista (el hedonismo es una doctrina filosófica que considera el placer como fin único o supremo de la vida, según la RAE), pero el hedonismo generalmente busca el placer carnal y el utilitarismo busca tanto el placer carnal como el intelectual. De hecho, John Stuart Mill (1806-1873, economista y filósofo británico, hijo del también economista James Mill y padre del utilitarismo), separa a los placeres en inferiores y superiores, siendo los primeros los corporales y los segundos los mentales. Mill sostiene que quien conoce ambos placeres prefiere unos sobre los otros y que quien desconoce los placeres superiores puede considerarse contento ya que ers más fácil satisfacer el cuerpo que la mente. Sin embargo, la verdadera felicidad incluye los placeres superiores. Es por ello que Mill dice "Es mejor ser un Sócrates infeliz a un necio feliz" o "Es mejor ser un hombre feliz que un cerdo feliz".

Mill también analiza el sacrificio y parte de la idea que es posible pensar una realidad donde el bien personal sea concordante con el bien colectivo, con lo cual es poco probable que necesitemos constantemente poner el bien ajeno por encima del nuestro. De hecho, sacrificar nuestro propio bien solo tiene sentido en aquellos casos que traiga una enorme felicidad a los demás. Para lograr esta realidad de la que habla Mill, el filósofo plantea que necesitamos leyes que armonicen intereses individuales con colectivos y educar a las personas para que asocien el bien grupal con el personal.



 

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