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lunes, 3 de febrero de 2025

Tema 2: El problema del conocimiento - El empirismo de Hume

En entradas anteriores hicimos referencia tanto a Platón como a Descartes, dos referentes del racionalismo, esto es, la corriente filosófica que le da más importancia a la razón que a los sentidos a la hora de conocer. En esta ocasión analizaremos a uno de los referentes más importantes de la corriente contraria: los empiristas. Estos son aquellos filósofos que le dan más valor a los sentidos que a la razón a loa hora de conocer.

David Hume fué un filósofo escocés que vivió entre 1711 y 1776. La versión más ordenada de su teoría sobre el conocimiento se encuentra en "Investigación sobre el conocimiento humano", un libro publicado en 1748. El objetivo del filósofo escocés es establecer los límites del conocimiento, esto es, delimitar adecuadamente que podemos y que no podemos saber. Además, a Hume le interesa que la ciencia y la filosofía sean humanas, esto es, que se relacionen con la sociedad y el hombre común y dejen de ser algo solo asociado con un pequeño grupo social.

Hume diferencia las ideas de las percepciones, siendo las primeras una débil copia de las segundas. Según él, nosotros tenemos experiencias, a las cuales accedemos mediante nuestra sensibilidad. Estas experiencias son mucho más intensas que las ideas, por ejemplo, es mucho más intenso el sentimiento de amar que la idea de amor. Así, para Hume las ideas son reflexiones o pensamientos que hacemos luego de vivir alguna experiencia, por ende, toda idea proviene de una percepción previa.

Es más, el filósofo escocés ataca a la idea de que la mente sea muy poderosa que suelen tener otros pensadores, particularmente los racionalistas. Hume afirma que al toda idea provenir de una percepción, como ya dijimos, entonces la mente lo único que puede hacer es aumentar, disminuir, combinar o transportar las percepciones. Un ejemplo de esto es el pegaso, que no es otra cosa que la combinación de las percepciones de "caballo", "alas" y "blanco". El ejemplo más extremo de esto es la idea de Dios que no termina siendo otra cosa que el aumento al infinito de las cualidades humanas.

A la hora de dividir aquellos que podemos pensar e investigar Hume diferencia las cuestiones de hecho de las relaciones de ideas. Estas últimas son aquellas que no dependen de la existencia de las cosas y que solo puedo concebir de una única manera (por ejemplo, 2+2=4 o el Teorema de Pitágoras). En cambio, las cuestiones de hecho son todas aquellas donde la mente es capaz de concebir distintos resultados sin contradicción lógica. Por ejemplo, puedo concebir tanto que el sol saldrá mañana como que no saldrá. Este tipo de cuestiones no puede resolverla la mente, sino que lo resuelve nuestra experiencia, que en el ejemplo dado nos diría que es muy probable que el sol siga saliendo mañana como todos los días previos. Con todo esto el filósofo quiere señalar que los efectos no están contenidos en las causas y que sin experiencia las consecuencias no pueden ser sabidas.

Tras todo este análisis podemos responder dónde está el límite del conocimiento: solo podemos conocer aquello que podemos experimentar.


Tema 2: El problema del conocimiento - Meditaciones metafísicas

En la entrada anterior hablamos de la concepción de la realidad para Platón. Esta entrada estará dedicada a otro racionalista, pero moderno: René Descartes. ¿Qué significa que dichos filósofos sean racionalistas? Pues que creen que la razón es más importante que los sentidos a la hora de conocer.

Descartes fué un filósofo francés que vivió entre 1596 y 1650. Es uno de los pensadores más importantes de la modernidad y su libro más célebre son las "Meditaciones metafísicas", publicado por primera vez en 1641.

Acá podés leer el texto completo, sabiendo que para nuestro análisis nos importan particularmente las meditaciones primera, segunda, tercera y cuarta.

El objetivo de las meditaciones es alcanzar algún saber indubitable, algo de lo que nadie pueda dudar, y de ahí construir un conocimiento del cuál estemos seguros. Así. la primera meditación muestra como el filósofo aplica la "duda metódica": el dudar como una manera de alcanzar un saber del cuál sea imposible dudar. Este saber es encontrado en la segunda meditación, donde se llega al "yo cartesiano", esto es, el hecho de que no podamos dudar de que somos y que existimos. La tercera meditación trata sobre Dios y la cuarta analiza la fuente del error.   

domingo, 2 de febrero de 2025

Tema 2: El problema del conocimiento - La realidad según Platón

Platón, aquel filosofo de la Grecia clásica que escribió tanto la "Apología de Sócrates" como "El banquete", dos textos que analizamos en el tema 1, nació en el 427 y murió en el 327 (ambas fechas a.C.). Es el primer filósofo que nos va ayudar a pensar en nuestro segundo tema: el problema del conocimiento.

Platón sostenía que la realidad se divide en dos planos: el terrenal y el ideal. En el primero encontramos los entes (las personas y los objetos), a los cuales accedemos mediante nuestros sentidos y es un plano que se caracteriza por ser cambiante. Este plano es una copia del plano original, que es el ideal. En este otro plano no hay entes, sino ideas a las cuales accedemos mediante nuestra razón. Además, este plano es inmutable, es decir, no sufre cambios.

A la hora de pensar en el conocimiento el filósofo griego separa la doxa de la episteme. La primera es el terreno de la opinión, de lo opinable, de hablar de lo que vemos. Es un terreno donde abunda la subjetividad y los cambios. Las opiniones cambian según la persona que opine, e incluso una misma persona puede opinar cosas diferentes en dos momentos distintos de su vida. Es esta subjetividad y variabilidad lo que hace que la doxa no sea verdadero conocimiento. Aquí Platón ubica al arte, a la política y al sentido común. Este es el terreno en el que los sofistas y divulgadores saben qué decir para ganarse el apoyo del vulgo. En cambio, la segunda es el terreno del verdadero conocimiento, no solo objetivo, sino también inmutable, un terreno que concebimos, antes que vemos. Este es el lugar de la ciencia y de la filosofía, dos disciplinas que nos muestran saberes que el público general rechaza.

Para explicar mejor estas ideas que esbozamos, Platón utiliza la "Alegoría de la caverna", un relato que reproduzco a continuación:

—Después de eso —proseguí— compara nuestra naturaleza respecto de su educación y de su falta de educación con una experiencia como ésta. Represéntate hombres en una morada subterránea en forma de caverna, que tiene la entrada abierta, en toda su extensión, a la luz. En ella están desde niños con las piernas y el cuello encadenados, de modo que deben permanecer allí y mirar sólo delante de ellos, porque las cadenas les impiden girar en derredor las cabeza. Más arriba y más lejos se halla l luz de un fuego que brilla detrás de ellos; y entre el fuego y los prisioneros hay un tabique construido de lado a lado, como el biombo que los titiriteros levantan delante del público para mostrar, por encima del biombo, los muñecos.

—Me lo imagino.

—Imagínate ahora que, del otro lado del tabique, pasan sombras que llevan toda clase de utensilios y figurillas de hombres y otros animales, hechos en piedra y madera y de diversas clases; y entre los que pasan unos hablan y otros callan.

—Extraña comparación haces, y extraños son esos prisioneros.

—Pero son como nosotros. Pues en primer lugar, ¿crees que han visto de sí mismos, o unos de los otros, otra cosa que las sombras proyectadas por el fuego en la parte de la caverna que tienen frente a sí?

Claro que no, si toda su vida están forzados a no mover las cabezas.

¿Y no sucede lo mismo con los objetos que llevan los que pasan del otro del tabique?

Indudablemente.

Pues entonces, si dialogaran entre sí, ¿no te parece que entenderían estar nombrando a los objetos que pasan y que ellos ven?

Necesariamente.

Y si la prisión contara con un eco desde la pared que tienen frente a sí, y alguno de los que pasan del otro lado del tabique hablara, ¿ no piensas que creerían que lo que oyen proviene de la sombra que pasa delante de ellos?

¡Por Zeus que sí!

¿ Y que los prisioneros no tendrían por real otra cosa que las sombras de los objetos artificiales transportados?

—Es de toda necesidad.

Examina ahora el caso de una liberación de sus cadenas y de una curación de su ignorancia, qué pasaría si naturalmente les ocurriese esto: que uno de ellos fuera liberado y forzado a levantarse de repente, volver el cuello y marchar mirando a la luz y , al hacer todo esto, sufriera y a causa del encandilamiento fuera incapaz de percibir aquellas cosas cuyas sombras había visto antes. ¿ Qué piensas que respondería si se le dijese que lo que había visto antes eran fruslerías y que ahora en cambio, está más próximo a lo real, vuelto hacia cosas más reales y que mira correctamente? Y si se le mostrara cada uno de los objetos que pasan del otro lado del tabique y se le obligara a contestar preguntas sobre lo que son, ¿ no piensas que se sentiría en dificultades y que considerará que las cosas que antes veía eran más verdaderas que las que se le muestran ahora?

Mucho más verdaderas.

Y si se le forzara a mirar hacia la luz misma, ¿no le dolerían los ojos y trataría de eludirla, volviéndose hacia aquellas cosas que podía percibir, por considerar que éstas son realmente más claras que las que se le muestran?

Así es.

Y si a la fuerza se lo arrastrara por una escarpada y empinada cuesta, sin soltarlo antes de llegar hasta la luz del sol, ¿ no sufriría acaso y se irritaría por ser arrastrado y, tras llegar a la luz, tendría los ojos llenos de fulgores que le impedirían ver uno solo de los objetos que ahora decimos que son los verdaderos ?

Por cierto, al menos inmediatamente.

Necesitaría acostumbrarse, para poder llegar a mirar las cosas de arriba. En primer lugar miraría con mayor facilidad las sombras, y después las figuras de los hombres y de los otros objetos reflejados en el agua, luego los hombres y los objetos mismos. A continuación contemplaría de noche lo que hay en el cielo y el cielo mismo, mirando la luz de los astros y la luna más fácilmente que, durante el día, el sol y la luz del sol.

Sin duda.

Finalmente, pienso, podría percibir el sol, no ya en imágenes en el agua o en otros lugares que le son extraños, sino contemplarlo cómo es en sí y por sí, en su propio ámbito.

Necesariamente.

Después de lo cual concluiría, con respecto al sol, que es lo que produce las estaciones y los años y que gobierna todo en el ámbito visible y que de algún modo es causa de las cosas que ellos habían visto.

Es evidente que, después de todo esto, arribaría a tales conclusiones.

Y si se acordara de su primera morada, del tipo de sabiduría existente allí y de sus entonces compañeros de cautiverio, ¿no piensas que se sentiría feliz del cambio y que los compadecería?

Por cierto.

Respecto de los honores y elogios que se tributaban unos a otros, y de las recompensas para aquel que con mayor agudeza divisara las sombras de los objetos que pasaban detrás del tabique, y para el que mejor se acordase de cuáles habían desfilado habitualmente antes y cuáles después, y para aquel de ellos que fuese capaz de adivinar lo que iba a pasar, ¿te parece que estaría deseoso de todo eso y que envidiaría a los más estaría deseoso de todo eso y que envidiaría a los más honrados y poderosos entre aquellos? ¿ O más bien no le pasaría como al Aquiles de Homero, y "preferiría ser un labrador que fuera siervo de un hombre pobre" o soportar cualquier otra cosa, antes que volver a su anterior modo de opinar y a aquella vida ?

Así creo también yo, que padecería cualquier cosa antes que soportar aquella vida.

Piensa ahora esto: si descendiera nuevamente y ocupara su propio asiento, ¿no tendría ofuscados los ojos por las tinieblas, al llegar repentinamente del sol?

Sin duda.

Y si tuviera que discriminar de nuevo aquellas sombras, en ardua competencia con aquellos que han conservado en todo momento las cadenas, y viera confusamente hasta que sus ojos se reacomodaran a ese estado y se acostumbraran en un tiempo nada breve, ¿no se expondría al ridículo y a que se dijera de él que, por haber subido hasta lo alto, se había estropeado los ojos, y que ni siquiera valdría la pena intentar marchar hacia arriba? Y si intentase desatarlos y conducirlos hacia la luz, ¿no lo matarían, si pudieran tenerlo en sus manos y matarlo?

Seguramente.

Pues bien, querido Glaucón, debemos aplicar íntegra esta alegoría a lo que anteriormente ha sido dicho, comparando la región que se manifiesta por medio de la vista con la morada-prisión, y la luz del fuego que ha en ella con el poder del sol; compara, por otro lado, el ascenso y contemplación de las cosas de arriba con el camino del alma hacia el ámbito inteligible, y no te equivocarás en cuanto a lo que estoy esperando, y que es lo que deseas oír. Dios sabe si esto es realmente cierto; en todo caso, lo que a mi me parece es que lo que dentro de lo cognoscible se ve al final, y con dificultad, es la Idea del Bien. Una vez percibida, ha de concluirse que es la causa de todas las cosas rectas y bellas, que en el ámbito visible ha engendrado la luz y al señor de ésta, y que en el ámbito inteligible es señora y productora de la verdad y de la inteligencia, y que es necesario tenerla en vista para poder obrar con sabiduría tanto en lo privado como en lo público.

Comparto tu pensamiento, en la medida que me es posible.

Mira también si lo compartes en esto: no hay que asombrarse de que quienes han llegado allí no estén dispuestos a ocuparse de los asuntos humanos, sino que sus almas aspiran a pasar el tiempo arriba; lo cual es natural, si la alegoría descrita es correcta también en esto.

Muy natural.

Tampoco sería extraño que, de contemplar las cosas divinas, pasara a las humanas, se comportase desmañadamente y quedara en ridículo por ver de modo confuso y, no acostumbrado aún en forma suficiente a las tinieblas circundantes, se viera forzado, en los tribunales o en cualquier otra parte, a disputar sobre sombras de justicia o sobre las figurillas de las cuales hay sombras, y a reñir sobre esto del modo en que esto es discutido por quienes jamás han visto la justicia en sí.

De ninguna manera sería extraño.

Pero si alguien tiene sentido común, recuerda que los ojos pueden ver confusamente por dos tipos de perturbaciones: uno al trasladarse de la luz a la tiniebla, y otro de la tiniebla a la luz; y al considerar que esto es lo que le sucede al alma, en lugar de reírse irracionalmente cuando la ve perturbada e incapacitada de mirar algo, habrá de examinar cuál de los dos casos es: si es que al salir de una vida luminosa ve confusamente por falta de hábito, o si, viniendo de una mayor ignorancia hacia lo más luminoso, es obnubilada por el resplandor. Así, en un caso se felicitará de lo que le sucede y de la vida a que accede; mientras en el otro se apiadará, y si se quiere reír de ella, su risa será menos absurda que si se descarga sobre el alma que desciende de la luz.

lunes, 13 de enero de 2025

Tema 1: Filosofía, ciencia y sentido común - "Apología de Sócrates"

En entradas anteriores ya adelantamos que para ciertas corrientes Sócrates es el "padre de la filosofía", y si bien otras corrientes filosóficas no coinciden, todos los filósofos estamos más o menos de acuerdo en que el pensador griego es un representante fundamental de nuestra disciplina.

Sócrates fue un filósofo nacido en Grecia, Atenas, en el año 470 a.C. Falleció en el mismo sitio, en el año 399 a.C. condenado a suicidarse. Dicha condena fue producto de un juicio que su discípulo Platón relata en el libro "Apología de Sócrates". Acá pueden consultar el texto completo.

En esta entrada mencionaremos los puntos centrales del texto platónico, como manera de conocer mejor en qué consistió la labor filosófica de Sócrates.

La apología comienza con el filósofo afirmando que sus acusadores solo dicen mentiras y que particularmente le llama la atención que justamente ellos lo acusen de que puede engañar a los demás mediante la elocuencia. Inmediatamente Sócrates establece la idea de que es más importante lo que se dice que la forma en que se dice, es decir, que lo fundamental es decir la verdad y no cómo se dice. Este inicio es muy importante ya que dentro de los acusadores del filósofo se encuentran los sofistas, unos especialistas de la oratoria, la persuasión y la elocuencia de los que Sócrates quiere constantemente diferenciarse.

Tras esto, Sócrates dice que empezará por defenderse de la acusación de que él investiga las "cosas del cielo" y que quienes realizan tales estudios no creen en los dioses. Estas acusaciones, además, no sabe exactamente quienes las hacen ya que son más bien rumores malintencionados que varias personas han difundido. Aquí, el filósofo primero responde diciendo que nadie de los presentes lo ha escuchado nunca hablar de dichos asuntos y que, por otro lado, él sabe de dónde proviene el odio que motiva esas mentiras. Así, procede a contar lo que le sucedió a su amigo Querefonte.

Un tiempo atrás, Querefonte visitó el oráculo de Delfos (podés aprender más de dicho oráculo acá) y preguntó si existía un hombre más sabio que Sócrates, a lo cual el oráculo contestó que no. El filósofo, sabiendo que los dioses no mienten, se preguntó porque ellos lo consideraban el más sabio, ya que a él mismo no le quedaba claro ese punto. Para corroborar esta afirmación, Sócrates fue a hablar con un político considerado muy sabio. Sin embargo, descubrió que si bien él mismo se consideraba sabio y que también había otras personas que lo consideraban así, realmente desconocía cosas que creía saber y que, en efecto, no era un sabio. Tras ello fue a hablar con otros políticos, poetas y artistas y en todos ellos observó lo mismo: creían saber cosas que realmente no sabían y se consideraban sabios, incluso eran tratados como tales, cuando verdaderamente no lo eran. Así, Sócrates llega a la conclusión que al saber que él no es sabio ya sabe más que los supuestos sabios, esto es, el filósofo es consciente de su propia ignorancia.

Es importante detenernos aquí, ya que es fundamental aclarar el sentido de todas estas afirmaciones, muchas veces malinterpretadas. Cuando Sócrates se declara ignorante lo hace frente a la sabiduría absoluta, algo que solo los dioses pueden ostentar, así, no es que Sócrates no sepa nada, sino que sabe que su conocimiento como humano estará siempre alejado de la sabiduría real, completa, de las deidades.

Retomando, el filósofo considera que las acusaciones de que no cree en los dioses proviene de los supuestos sabios que él dejó expuestos como falsos y de los seguidores de aquellos. Tras esto, Sócrates se defiende de las acusaciones más recientes, realizadas, entre otros, por el poeta Melito.

Melito acusa a Sócrates de corromper a la juventud y de, nuevamente, creer en otros dioses. Ante esto el filósofo utiliza la mayéutica, de la cual hablaremos en otra entrada, un método por el cual es el propio poeta el que queda en evidencia al considerar que todos los atenienses forman a la juventud, salvo Sócrates, que los corrompería, lo cual es, a todas luces, un absurdo. Sobre esto el filósofo confiesa no hacer otra cosa que ir por todas partes tratando de persuadir tanto a jóvenes como a viejos de que presten menos atención al cuerpo y las riquezas y más al desarrollo de sus almas (aquí es importante remarcar que para los antiguos griegos el alma es un concepto que se relaciona íntimamente con lo que nosotros denominamos "mente"). Además, Sócrates logra que Melito confiese que es mejor vivir entre personas buenas y no malas, por tanto el filósofo debería ser tonto al corromper a la juventud y rodearse de personas malvadas. O sea que o Sócrates corrompe jóvenes sin saberlo, lo cual no era penable en su sociedad, o Sócrates debería ser un necio al corromper jóvenes que luego podrían dañarlo. 

Finalmente, Sócrates hace una defensa en favor de los atenienses y no de sí mismo, ya que sostiene que es la polis la que sufrirá una gran pérdida si él es condenado. En efecto, puede que Sócrates sea como una tábano (insecto similar a la mosca), que es molesto, pero esa molestia es necesaria ya que la función de despertar y reprochar a los atenienses es algo que ellos necesitan. En este punto el filósofo también aclara por que actuó siempre en privado y no en público y es que oponerse a las injusticias de un pueblo públicamente hubiera llevado a la muerte a Sócrates hace ya mucho tiempo.

Finalizada la defensa del filósofo, los jueces, que eran 556, votan y resulta Sócrates condenado con 281 votos en contra y 275 a favor. Así, el filósofo es condenado por apenas 6 votos. Tras esto el filósofo dice que siendo pobre lo único que podría ofrecer para no ser condenado es una moneda de plata, pero que sus discípulos y amigos están dispuestos a pagar por el 30 monedas de plata. Los jueces no aceptan el pago y condenan, finalmente, a Sócrates a muerte.

Ya condenado, Sócrates le habla a los jueces que lo condenaron y a los que trataron de absolverlo. A los primeros les advierte que si creen que deshaciendose del filósofo van a poder seguir su vida reprochable sin que nadie más los reproche están equivocados porque detrás de Sócrates vendrán otros que los amonesten como él. La manera de que no te reprochen ser injusto, afirma el filósofo, no es eliminar al que reprocha sino abrazar una vida honrada. Mientras tanto, a los otros jueces, los que quisieron absolverlo, Sócrates les pide que le causen las mismas "molestias" a sus hijos que él les causó a los atenienses.


  

sábado, 4 de enero de 2025

Tema 1: Filosofía, ciencia y sentido común - "¿Qué es eso de filosofía?", de Heidegger

En agosto de 1955 el filósofo alemán Martin Heidegger pronunció una conferencia en Cerisy-la-Salle, Francia. La tituló "¿Qué es eso de filosofía?" y sobre su contenido hablaremos en esta entrada.

Heidegger comienza diciendo que la pregunta por la filosofía no tiene que ser hecha de manera que preguntemos por ella como algo fuera de la misma, es decir, es importante que la pregunta por la filosofía sea hecha de manera filosófica porque la pregunta por la filosofía ES una cuestión filosófica.

Luego, el filósofo alemán habla de como se suele asociar a la filosofía con la razón y nos advierte de sacar conclusiones apresuradas ya que es cierto que la filosofía no es irracional, pero eso no implica que no haya un tipo de afección involucrada cuando filosofamos, una afección que no tiene que ver con lo que comúnmente llamamos afectos y sentimientos (los cuales se encuentran, efectivamente, asociados con la irracionalidad). Esa afección, se aclarará más adelante en la conferencia, es el asombro. Es el asombro la disposición que nos permite filosofar.

Posteriormente Heidegger concluye que la expresión "filosofía europeo-occidental" es una tautología ya que la filosofía es europea y occidental en su esencia y orígenes. Occidente y Europa, y solo ellos, son originalmente "filosóficos". Profundizando en este camino, la filosofía no solo es griega según su procedencia sino que el modo de preguntar de la filosofía es también helénico. Y no solo el modo de preguntar del origen sino nuestro actual modo de preguntar que apunta al ser de las cosas.

Llegamos así a un punto central de la conferencia, al menos para nosotros, que define al filosofar como una conversación con los filósofos. Así, se establece la diferencia entre describir lo que opina un filósofo y discutir con ellos punto por punto aquello que dicen. Lo primero podría ser definido como enseñar las ideas de un filósofo y lo segundo es lo que es propiamente filosofar. Aparece así la idea de que la filosofía es una actividad que si bien parte de dialogar con otros filósofos previos implica que hagamos nuestros propios aportes.

Como conclusión de esta entrada podemos retomar una de las ideas del cierre de la conferencia, que establece que aprendemos qué es la filosofía cuando efectivamente filosofamos, no es una respuesta a la que podamos llegar por fuera de la filosofía.


Tema 1: Filosofía, ciencia y sentido común - La filosofía

Cuando se habla de la filosofía nunca deja de mencionarse, no sin razón, su origen etimológico: "filosofía" viene de philos, que significa amor, y sophía, que significa sabiduría. Entonces, etimológicamente hablando, la filosofía sería el amor por la sabiduría y quien filosofa sería un amante de la sabiduría. Volveremos sobre esta idea en otra entrada, donde hablaremos de la "Apología de Sócrates", pero sirva de momento quedarnos con la idea de que filosofar no es algo que haga un sabio, quien ya posee la sabiduría, sino algo que hace una persona que busca aquello que ama, que es el saber.

Y con decir "algo que hace" ya adelantamos que la filosofía es una actividad, un hacer que ahora podemos puntualizar mejor y decir que busca cuestionar la realidad que nos rodea. Y es que la Filosofía no acepta la supuesta naturalidad del mundo, las obviedades de las que hablamos cuando hablamos del sentido común en la entrada anterior. La filosofía, más bien, se hace preguntas sobre ese mundo que nos rodea. Esas preguntas, también adelantamos esta idea en nuestra anterior entrada, son preguntas con ciertas características especiales. Lo que las hace especiales es que son preguntas que nacen de nuestra condición humana y por ende son preguntas que nos interpelan: ¿quién soy? ¿existe algún dios? ¿qué es el bien?, por ejemplo.

Es en este sentido que para muchos podemos ubicar el origen de la filosofía en el mismo momento del origen de la humanidad ya que allí donde hay humanos habrá preguntas filosóficas. Otros, sin embargo, creen que la filosofía es una actividad cuyo origen se remonta a la Antigua Grecia, allá por el siglo IV a.C., con Sócrates como el "padre" de la actividad que continuaran otros grandes pensadores de esa época.

Yendo ahora a la relación de la filosofía con la ciencia, debemos saber que las respuestas filosóficas conviven entre sí, no sucede, como suele suceder en la ciencia, que una respuesta reemplaza a la anterior. Por ejemplo, la respuesta de que el Sol gira alrededor de la Tierra fue reemplazada por la respuesta de que en realidad es la Tierra la que gira alrededor del Sol. En cambio, la respuesta de qué es el bien para un filósofo no anula la respuesta de lo que es el mismo concepto para otro filósofo. Es por ello que el filósofo argentino Alejandro Korn dice: 

"Cada generación continúa la obra de sus predecesores pero también la altera y la transmuta; conserva el viejo término tradicional pero modifica su sentido y su concepto (...) Desde luego no existe la filosofía, existen numerosas escuelas y posiciones filosóficas." (Alejandro Korn, Sistema filosófico, Buenos Aires, Nova, 1959).

Y las respuestas filosóficas conviven entre sí porque son respuestas a preguntas que no podemos evadir ya que nos interpelan en cuanto a que somos humanos. Por ende, ante cada cuestionamiento filosófico llegaremos, con suerte, a una respuesta, la nuestra, no a LA respuesta, válida para todo tiempo y lugar. Por ende el cuestionamiento filosófico debe ser profundamente nuestro, sobre esto dice el filósofo alemán Karl Jaspers:

"El pensar filosófico tiene que ser original en todo momento. Tiene que llevarlo a cabo cada uno por sí mismo." (Karl Jaspers, La filosofía, México, FCE, 1957).

Vemos entonces que la filosofía es prácticamente lo opuesto al sentido común, es una actividad donde en vez de imitar se trata de producir algo propio, diferente al resto.

domingo, 22 de diciembre de 2024

Tema 1: Filosofía, ciencia y sentido común - Introducción

Para saber lo que es la Filosofía puede sernos útil aprender qué NO es. Además, es más fácil empezar por conceptos que conozcamos. Por ello empezaremos por los conceptos de "ciencia" y "sentido común".

La Real Academia Española (RAE) define al sentido común como la "capacidad de entender o juzgar de forma razonable" (ver https://dle.rae.es/sentido). Y, a su vez, razonable puede significar tanto "conforme a la razón" como "proporcionado o no exagerado" (ver https://dle.rae.es/razonable?m=form). Acá empieza el problema, porque lo razonable puede hacernos creer que el sentido común implica el pensamiento, el razonar de quien lo aplica, pero es justamente todo lo contrario. Actuar por sentido común aparece como razonable y proporcionado porque implica actuar por costumbre, actuar tal cuál normalmente actuaría cualquiera de las personas que tenemos alrededor. Como hacemos lo que normalmente los demás hacen a nadie le parece desproporcionado nuestro accionar: seguramente ellos hubieran hecho lo mismo.

El sentido común se asocia a lo obvio y lo obvio es tanto "lo que se encuentra delante de nuestro ojos" como "aquello que no tiene dificultad" (ver https://dle.rae.es/obvio). Así, actuar por sentido común es, en efecto, algo muy sencillo. Solo se trata de observar e imitar. Hacer lo que los demás hacen. Porque si todo el mundo lo hace será lo correcto ¿no? Pues, como aprenderemos a lo largo de nuestro recorrido, rotundamente respondemos DEPENDE.

Voy a darles un ejemplo: cuando era niño fui a mi primer entrenamiento en un club de fútbol. El entrenador nos enseñó algunos estiramientos que debíamos hacer antes de iniciar el entrenamiento. El problema es que después de enseñarnos cómo hacer los estiramientos él se retiró por unos minutos y nosotros nos quedamos a hacerlos. Mi sorpresa fue ver que todos mis compañeros de equipo hacían los estiramientos de una forma diferente de cómo recién el entrenador nos había explicado. Al ver que todos lo hacían así y A PESAR de haber visto que nos pidieron otra forma empecé a imitar a mis compañeros. Cuando el entrenador volió y nos vió hacer el estiramiento de esa otra forma nos regañó a todos. Moraleja: que todo el mundo haga algo de alguna manera no hace automáticamente que eso sea lo correcto o que funcione.

Podemos concluir, entonces, que actuar por sentido común NO es pensar, es más bien actuar por costumbre, por imitación. Y el imitar a veces puede ser útil, pero a veces no. Justamente, el sentido común no nos garantiza que algo funcione tal cual esperamos: después de ver que otra gente mira a los dos lados antes de cruzar podemos hacer lo mismo y probablemente evitar que nos atropellen o tal vez aprendamos a cómo sostener adecuadamente un bebé al ver cómo lo sostenían otros. Pero no siempre esa imitación nos dará los resultados que queremos.

Si lo que buscamos es resultados y estar seguros tenemos una herramienta que el colegio viene enseñándonos desde muy pequeños: la ciencia.

La ciencia es el "conjunto de conocimientos obtenidos mediante la observación y el razonamiento, sistemáticamente estructurados y de los que se deducen principios y leyes generales con capacidad predictiva y comprobables experimentalmente." (ver https://dle.rae.es/ciencia?m=form). Cuando usamos la ciencia se acaba la especulación y al qué de las cosas le encontramos una respuesta comprobada, validada, rotunda. Claro, la ciencia a veces se equivoca, pero es el mismo procedimiento científico el que corrige científicamente a la ciencia: algo es tal cual la ciencia lo explica hasta que la propia ciencia demuestre lo contrario.

La ciencia es tremendamente útil: nos puede decir si hay que salir con paraguas o qué medicamento puede curar nuestras enfermedades. Nos da respuestas a muchos interrogantes y nos permite predecir ciertas cosas (como el clima). Pero existen interrogantes que la ciencia no puede contestar. Y no es por qué tenga algún fallo, es porque caen fuera de su ámbito: "¿Qué es el bien? ¿Qué es la belleza? ¿Existen los dioses? ¿Quién soy?" son preguntas que apuntan a otro orden de cosas. Son preguntas que no podemos dejar de hacernos, pero que la vez no pueden tener una respuesta definitiva que valga para todas las personas en todo tiempo y lugar. Es por aquí que nos acercamos a la diferencia entre la ciencia y la Filosofía, de la cuál hablaremos en futuras entradas.

Antes de cerrar la entrada de hoy quisiera agregar algo que me quedó en el tintero sobre el sentido común: este depende del tiempo y el lugar. Es decir, no es lo mismo lo que es obvio para un argentino o un japonés, como tampoco es lo mismo lo que es obvio para alguien que vive actualmente comparado con lo que era obvio para una persona que vivía en, digamos, 1850.

Tema 3 - Ética: El hombre mediocre

José Ingenieros (1877-1925) fue un médico psiquiatra, psicólogo, escritor y filósofo italoargentino. Una de sus obras más famosas es "E...